Detuvo el indio su corcel de guerra
mirando a todos con altivo ceño.
Plantó un extremo de la lanza en tierra
con gesto torvo y ademán zahareño.
Y dijo el lenguaraz: “Hemos vencido”
y es nuestro ahora, tu nativo suelo.
“Serás esclavo, donde Rey has sido”.
Nada dijo el cacique miró al cielo.
Con las manos privadas en los grillos
Quiñihual el cacique meditaba…
Los blancos festejaban la victoria.
Y fue entonces: rompiendo los anillos
que alzóse el indio de la raza brava
y ante los blancos se mató con gloria!
Quiñihual, 1918
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Marcalain. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Marcalain. Mostrar todas las entradas
La Carreta
Ahí está la carreta a la intemperie...
en silencio, con las varas en alto.
Como si después de la jornada,
se hubiera puesto a estirar los brazos!
en silencio, con las varas en alto.
Como si después de la jornada,
se hubiera puesto a estirar los brazos!
Todavía conservan sus maderas,
a pesar de la lluvia y los años,
rastros del color de la bandera,
de su caja a lo largo,
para que desplegada pareciera
en su lento rodar, por esos campos!
Lujo y honra del dueño que tenía
en el tiempo difícil, del pasado.
Carreta que llenaba de rumores,
la quebrada serrana y el hueco del barranco
y trazaba su propio itinerario
con el rudo paralelo del rodado,
desde el punto lejano del desierto,
hasta el lugar poblado.
Las heladas más crudas del invierno
y los soles más fuertes del verano,
la encontraron siempre en el camino
lentamente rodando
entre nubes de polvo blanquecino
o sus llantas hundiéndose en el barro.
En cada amanecer, volcó el boyero
la triste melodía de sus cantos
y en cada anochecida, era una estrella
la escondida lumbre del cigarro.
Nunca olvidó de soliviar tu carga
en el recio madero del “muchacho”.
Hoy que nadie se acerca a tus maderos
que se van cayendo de a pedazos,
yo me siento boyero, en tradiciones
y ato mis recuerdos a tu carro
para andar largo a largo ese camino
que va desde el presente hasta el pasado!
Al lado mismo de tu vieja rueda,
cuando el sol se hubo puesto en el ocaso,
encendí las llamas de tus propios leños
para beber, ansioso, un mate amargo
y rendirlo a lo criollo, en esa ofrenda
mi noble admiración a tu trabajo!
Adivino, Carreta, el gran secreto
que los soles y lluvias han borrado.
Tú tendrías el nombre más bonito
de la criolla más linda de algún pago!!
Como era uso de aquellos carreteros
de decires cortos y de amores largos.
No ha quedado ninguna de las letras
ni casi nada del azul y blanco.
Pero es mejor así, porque estas cosas
hoy sólo sirven para soñar un rato.
Y es que espero viajando ver un día,
en la puerta o ventana de algún rancho
a la moza de trenzas renegridas
que en cada atardecer, está esperando,
el retorno del boyero alegre
que con su nombre, bautizó su carro!
…El que llegaba siempre, repechando leguas
a entregarle su amor y sus encargos!
Por la vieja carreta de Magdalena en Quiñihual
a pesar de la lluvia y los años,
rastros del color de la bandera,
de su caja a lo largo,
para que desplegada pareciera
en su lento rodar, por esos campos!
Lujo y honra del dueño que tenía
en el tiempo difícil, del pasado.
Carreta que llenaba de rumores,
la quebrada serrana y el hueco del barranco
y trazaba su propio itinerario
con el rudo paralelo del rodado,
desde el punto lejano del desierto,
hasta el lugar poblado.
Las heladas más crudas del invierno
y los soles más fuertes del verano,
la encontraron siempre en el camino
lentamente rodando
entre nubes de polvo blanquecino
o sus llantas hundiéndose en el barro.
En cada amanecer, volcó el boyero
la triste melodía de sus cantos
y en cada anochecida, era una estrella
la escondida lumbre del cigarro.
Nunca olvidó de soliviar tu carga
en el recio madero del “muchacho”.
Hoy que nadie se acerca a tus maderos
que se van cayendo de a pedazos,
yo me siento boyero, en tradiciones
y ato mis recuerdos a tu carro
para andar largo a largo ese camino
que va desde el presente hasta el pasado!
Al lado mismo de tu vieja rueda,
cuando el sol se hubo puesto en el ocaso,
encendí las llamas de tus propios leños
para beber, ansioso, un mate amargo
y rendirlo a lo criollo, en esa ofrenda
mi noble admiración a tu trabajo!
Adivino, Carreta, el gran secreto
que los soles y lluvias han borrado.
Tú tendrías el nombre más bonito
de la criolla más linda de algún pago!!
Como era uso de aquellos carreteros
de decires cortos y de amores largos.
No ha quedado ninguna de las letras
ni casi nada del azul y blanco.
Pero es mejor así, porque estas cosas
hoy sólo sirven para soñar un rato.
Y es que espero viajando ver un día,
en la puerta o ventana de algún rancho
a la moza de trenzas renegridas
que en cada atardecer, está esperando,
el retorno del boyero alegre
que con su nombre, bautizó su carro!
…El que llegaba siempre, repechando leguas
a entregarle su amor y sus encargos!
Por la vieja carreta de Magdalena en Quiñihual
Consejos para mi hijo
Debe el hombre trabajar
si ha de vivir en su ley.
Hasta el rey si es un buen rey
pone empeño en gobernar.
Que el hombre, para alcanzar
una dicha manifiesta,
no debe de fiesta en fiesta
gastar su fuerza en la tierra.
¡Para vivir en la sierra
debe repechar la sierra!
Lo que hoy no puedas hacer
debes hacerlo mañana.
Aunque sea de mala gana
a la huella has de volver,
recruzarla y retener
el rastro, como un sabueso.
Un premio tendrá por eso,
tu rebuscar diligente.
¡Cinco monedas de a veinte
valen lo mismo que un peso!
Las cosas deben hacerse
en el momento propicio.
No ha de tener beneficio
el que en ello no se esfuerce.
Nunca debe acometerse,
el trabajo con engaño.
A sí mismo se hace daño
quien siembra fuera de fecha.
¡Se malogra la cosecha
del que siembra a fin del año!
No se triunfa en la tarea
si no se conoce a fondo.
Cuando un paisano es redondo
la ignorancia lo manea.
Pero el que sabe... capea
la miseria a todo viento.
Y siempre le queda el aliento
para ganarse la torta.
¡Si el cuchillo no le corta
no puede sacar buen tiento!
Lo que vayas aprendiendo
No lo debes olvidar.
Tratá siempre de sumar
A la par que vas viviendo.
Bueno es que vayas sabiendo
que a la par de los consejos,
en la boca de los viejos
la experiencia se le ayunta.
¡Cuando las huellas se juntan
la aguada no está muy lejos!
Para triunfar en la vida
tiene uno que ser constante,
trabajador y de aguante
en la tarea emprendida.
No habrá jornada perdida
si en ella se pone afán.
A ninguna parte van
los que se quedan en casa.
¡El que la harina no amasa
no puede comer buen pan!
Los hombres, por la apariencia,
no se les debe juzgar.
Hay quien puede atravesar
desgraciada contingencia.
Tal vez en otra querencia
se comenten sus hazañas.
A veces fuerzas extrañas
motivan esos desvíos.
¡Las piedritas en los ríos
son rocas en las montañas!
Para conocer a un hombre
lo debés hacer hablar,
y en la mente has de guardar
Pago o estancia que nombre.
Poco a poco, no te asombre,
lo vas a tener filiado.
Al paisano que es callado
no debés juzgarlo a risa.
¡No se le ve la camisa
al gaucho que está emponchado!
No hagas juicios prematuros
con los hombres de tu trato,
que el hombre no es como el gato
que puede ver en lo oscuro.
Nunca te sientas seguro
de que sabés acertar.
Y de que es fácil errar,
alguna experiencia tengo.
¡Para saber si uno es rengo
hay que verlo caminar!
Una palabra o un gesto
suele tener importancia.
A la rosa, su fragancia,
la pone de manifiesto.
Cuando un hombre se ha propuesto
manifestar su querella,
el dolor le pone en ella
gracia y pena en equilibrio.
¡Un rayo de luz a un vidrio,
lo transforma en una estrella!
si ha de vivir en su ley.
Hasta el rey si es un buen rey
pone empeño en gobernar.
Que el hombre, para alcanzar
una dicha manifiesta,
no debe de fiesta en fiesta
gastar su fuerza en la tierra.
¡Para vivir en la sierra
debe repechar la sierra!
Lo que hoy no puedas hacer
debes hacerlo mañana.
Aunque sea de mala gana
a la huella has de volver,
recruzarla y retener
el rastro, como un sabueso.
Un premio tendrá por eso,
tu rebuscar diligente.
¡Cinco monedas de a veinte
valen lo mismo que un peso!
Las cosas deben hacerse
en el momento propicio.
No ha de tener beneficio
el que en ello no se esfuerce.
Nunca debe acometerse,
el trabajo con engaño.
A sí mismo se hace daño
quien siembra fuera de fecha.
¡Se malogra la cosecha
del que siembra a fin del año!
No se triunfa en la tarea
si no se conoce a fondo.
Cuando un paisano es redondo
la ignorancia lo manea.
Pero el que sabe... capea
la miseria a todo viento.
Y siempre le queda el aliento
para ganarse la torta.
¡Si el cuchillo no le corta
no puede sacar buen tiento!
Lo que vayas aprendiendo
No lo debes olvidar.
Tratá siempre de sumar
A la par que vas viviendo.
Bueno es que vayas sabiendo
que a la par de los consejos,
en la boca de los viejos
la experiencia se le ayunta.
¡Cuando las huellas se juntan
la aguada no está muy lejos!
Para triunfar en la vida
tiene uno que ser constante,
trabajador y de aguante
en la tarea emprendida.
No habrá jornada perdida
si en ella se pone afán.
A ninguna parte van
los que se quedan en casa.
¡El que la harina no amasa
no puede comer buen pan!
Los hombres, por la apariencia,
no se les debe juzgar.
Hay quien puede atravesar
desgraciada contingencia.
Tal vez en otra querencia
se comenten sus hazañas.
A veces fuerzas extrañas
motivan esos desvíos.
¡Las piedritas en los ríos
son rocas en las montañas!
Para conocer a un hombre
lo debés hacer hablar,
y en la mente has de guardar
Pago o estancia que nombre.
Poco a poco, no te asombre,
lo vas a tener filiado.
Al paisano que es callado
no debés juzgarlo a risa.
¡No se le ve la camisa
al gaucho que está emponchado!
No hagas juicios prematuros
con los hombres de tu trato,
que el hombre no es como el gato
que puede ver en lo oscuro.
Nunca te sientas seguro
de que sabés acertar.
Y de que es fácil errar,
alguna experiencia tengo.
¡Para saber si uno es rengo
hay que verlo caminar!
Una palabra o un gesto
suele tener importancia.
A la rosa, su fragancia,
la pone de manifiesto.
Cuando un hombre se ha propuesto
manifestar su querella,
el dolor le pone en ella
gracia y pena en equilibrio.
¡Un rayo de luz a un vidrio,
lo transforma en una estrella!
Nochebuena
Esta noche reunidos
de la lumbre a la vera
adonde las castañas
rechinan y se tuestan
quebrándose con ruidos
de bocas que se besan.
Reunidos en familia
mientras llega la cena
hemos de alegrarnos
tocando la vigüela
y festejando el triunfo
de la pasada siega,
que es toda una delicia,
que es toda una promesa.
Riamos esta noche,
feliz de Nochebuena.
¿Quién es que sin festejos
esta noche se acuesta?
No seremos nosotros, ni ninguno
que a nuestro lado medra,
que hoy es día de Reyes,
que hoy es día de fiesta,
y a nadie permitimos
que vaya a sus tareas.
Que vengan bailadores,
sonajas, panderetas,
la gaita, la ocarina,
la alegre castañuela,
que ya llega España
vestida de fiesta,
tocando la Jota
mejor de la tierra.
Que estamos en la noche
feliz de Nochebuena.
Y mientras se cocina
la mejor merienda
para hacer la noche
más corta y amena,
que cuente nuestro padre
aquella historia añeja
de cuando era joven
y amante de juergas,
de amores en las viñas
junto a floridas rejas,
de amores y navajas,
guitarras y peleas.
Que hoy cuente sus andanzas,
sus trances y verbenas,
por aquella España
de fecundas vegas,
de montes escarpados
que espantan y serenan
blancos en las cumbres
y áureos en las ladera
donde la mies del Coto
con el calor se encera.
Por aquella España
de trofeos llena,
hoy tierna y laboriosa,
ayer fuerte y guerrera.
Por aquella España
graciosa y esbelta,
la de los verdes valles
do triscan las ovejas
y cantan los baturros
canciones de la tierra.
La de los altos encinares
y rubias sementeras
de alegre mozaina
y alegres muchachuelas,
de viejos rezongones
y atrevidas doncellas,
como flores de lindas,
como flores de frescas.
Que hoy cuente sus hazañas
en la Carlista guerra,
su paso por la Francia
hospitalaria y buena,
su viaje a la Argentina
buscando la riqueza,
sus múltiples trabajos
sus muchas peripecias.
Su vida de hacendado
en esta hermosa tierra,
después... su casamiento,
más tarde... los hijos que llegan.
Luego sus afanes
por darles escuela
y diga con orgullo,
erguida la cabeza,
que no ansía más dicha
que ver sus hijos cerca
y ver cómo lo quieren
y ver cómo se empeñan
en alejarle todo
motivo de tristeza.
Riamos esta noche
feliz de Nochebuena.
Que cante nuestra madre,
del mundo la más buena,
los versos más alegres,
y que al poner la mesa
siguiendo la costumbre
legada por la abuela...
bendiga nuestras vidas,
bendiga nuestra cena
y bese nuestras frentes
como ella sola besa,
con su gesto de madre,
de Santa y de princesa.
No quiero que mis versos
a nadie enmudezcan,
que estamos de alegría
y lágrimas no cuelan.
En la espumante sidra
ahoguemos las penas.
dejemos los negocios,
dejemos las faenas.
Saquemos del armario
los panes y botellas.
Pongamos los manjares
mejores en la mesa
y la henchida bota
que duerme en la alacena,
que deje su guarida
y salga para afuera,
que esta noche de vinos y sidras
ni una miaja queda.
Cantemos y riamos
la hermosa Nochebuena
Que padre y madre bailen
su “Aurrescu” que en la
tierra lejana de Navarra
en noches de verbena,
inicia la jarana,
y comienza la fiesta.
Que suenen los “irrintzis”
tremantes de fiereza,
que vengan “versolaris”
y canten en pareja.
Que llore la dulzaina
sus lánguidas cadencias,
que hoy estamos en casa
sin pizca de tristeza
y estamos festejando
la alegre nochebuena.
Que hoy suene la Jota
que pone en las venas,
mucho de alegría
y algo de bandera.
Que canten los navarros
y bailen las mozuelas
y rían los ancianos
haciendo castañuelas,
y ensayen zapateos
destartaladas viejas.
Que venga abajo el mundo
y rueden las estrellas
que esta noche reímos
hasta que amanezca.
Que estamos en familia,
festejando la fiesta
que siempre festejamos
en la Nochebuena.
de la lumbre a la vera
adonde las castañas
rechinan y se tuestan
quebrándose con ruidos
de bocas que se besan.
Reunidos en familia
mientras llega la cena
hemos de alegrarnos
tocando la vigüela
y festejando el triunfo
de la pasada siega,
que es toda una delicia,
que es toda una promesa.
Riamos esta noche,
feliz de Nochebuena.
¿Quién es que sin festejos
esta noche se acuesta?
No seremos nosotros, ni ninguno
que a nuestro lado medra,
que hoy es día de Reyes,
que hoy es día de fiesta,
y a nadie permitimos
que vaya a sus tareas.
Que vengan bailadores,
sonajas, panderetas,
la gaita, la ocarina,
la alegre castañuela,
que ya llega España
vestida de fiesta,
tocando la Jota
mejor de la tierra.
Que estamos en la noche
feliz de Nochebuena.
Y mientras se cocina
la mejor merienda
para hacer la noche
más corta y amena,
que cuente nuestro padre
aquella historia añeja
de cuando era joven
y amante de juergas,
de amores en las viñas
junto a floridas rejas,
de amores y navajas,
guitarras y peleas.
Que hoy cuente sus andanzas,
sus trances y verbenas,
por aquella España
de fecundas vegas,
de montes escarpados
que espantan y serenan
blancos en las cumbres
y áureos en las ladera
donde la mies del Coto
con el calor se encera.
Por aquella España
de trofeos llena,
hoy tierna y laboriosa,
ayer fuerte y guerrera.
Por aquella España
graciosa y esbelta,
la de los verdes valles
do triscan las ovejas
y cantan los baturros
canciones de la tierra.
La de los altos encinares
y rubias sementeras
de alegre mozaina
y alegres muchachuelas,
de viejos rezongones
y atrevidas doncellas,
como flores de lindas,
como flores de frescas.
Que hoy cuente sus hazañas
en la Carlista guerra,
su paso por la Francia
hospitalaria y buena,
su viaje a la Argentina
buscando la riqueza,
sus múltiples trabajos
sus muchas peripecias.
Su vida de hacendado
en esta hermosa tierra,
después... su casamiento,
más tarde... los hijos que llegan.
Luego sus afanes
por darles escuela
y diga con orgullo,
erguida la cabeza,
que no ansía más dicha
que ver sus hijos cerca
y ver cómo lo quieren
y ver cómo se empeñan
en alejarle todo
motivo de tristeza.
Riamos esta noche
feliz de Nochebuena.
Que cante nuestra madre,
del mundo la más buena,
los versos más alegres,
y que al poner la mesa
siguiendo la costumbre
legada por la abuela...
bendiga nuestras vidas,
bendiga nuestra cena
y bese nuestras frentes
como ella sola besa,
con su gesto de madre,
de Santa y de princesa.
No quiero que mis versos
a nadie enmudezcan,
que estamos de alegría
y lágrimas no cuelan.
En la espumante sidra
ahoguemos las penas.
dejemos los negocios,
dejemos las faenas.
Saquemos del armario
los panes y botellas.
Pongamos los manjares
mejores en la mesa
y la henchida bota
que duerme en la alacena,
que deje su guarida
y salga para afuera,
que esta noche de vinos y sidras
ni una miaja queda.
Cantemos y riamos
la hermosa Nochebuena
Que padre y madre bailen
su “Aurrescu” que en la
tierra lejana de Navarra
en noches de verbena,
inicia la jarana,
y comienza la fiesta.
Que suenen los “irrintzis”
tremantes de fiereza,
que vengan “versolaris”
y canten en pareja.
Que llore la dulzaina
sus lánguidas cadencias,
que hoy estamos en casa
sin pizca de tristeza
y estamos festejando
la alegre nochebuena.
Que hoy suene la Jota
que pone en las venas,
mucho de alegría
y algo de bandera.
Que canten los navarros
y bailen las mozuelas
y rían los ancianos
haciendo castañuelas,
y ensayen zapateos
destartaladas viejas.
Que venga abajo el mundo
y rueden las estrellas
que esta noche reímos
hasta que amanezca.
Que estamos en familia,
festejando la fiesta
que siempre festejamos
en la Nochebuena.
Luciérnaga
Latido que se hace luz,
vibración que se hace vuelo.
Luciérnaga de mis campos
anochecidos de ensueños.
Una estrella diminuta
caída sobre un sendero,
o una luz, que va trazando,
caminitos en el cielo.
Caminos de polvo de oro
como caminos de cuento...!
Quién pudiera como ella,
a esta luz que siento adentro,
encenderla en un latido
y dársela al universo.
Ser luciérnaga también
en mis noches, sin linderos.
Iluminar con mi luz
a mi propio derrotero,
y en la vibración del alma
alas dar al pensamiento,
hacer luz a mis ideas,
y pájaros a mis versos!
Latido que se hace luz...
vibración que se hace vuelo.
vibración que se hace vuelo.
Luciérnaga de mis campos
anochecidos de ensueños.
Una estrella diminuta
caída sobre un sendero,
o una luz, que va trazando,
caminitos en el cielo.
Caminos de polvo de oro
como caminos de cuento...!
Quién pudiera como ella,
a esta luz que siento adentro,
encenderla en un latido
y dársela al universo.
Ser luciérnaga también
en mis noches, sin linderos.
Iluminar con mi luz
a mi propio derrotero,
y en la vibración del alma
alas dar al pensamiento,
hacer luz a mis ideas,
y pájaros a mis versos!
Latido que se hace luz...
vibración que se hace vuelo.
Arriero de Fantasías
Los campos de mis mayores
hace tiempo se vendieron,
por escritura... son de otros,
pero... por amor... son nuestros!
Suelo llegar a esos campos
por rastrilladas de ensueños,
a revisar el ganado
invernado en los recuerdos.
Tengo una llave maestra
que abre tranqueras al tiempo.
Y salgo de recorrida
en redomones de viento.
Galopo a los cuatro rumbos,
y la tropilla que llevo
le pone pulso a la noche
con el latir del cencerro.
Cruzo y recruzo los campos,
sin que se quiebre el silencio,
que, en chistidos, la lechuza
reclama a cada momento.
Mi poncho lo ha humedecido
y perfumado, el sereno,
y lágrimas de rocío
se deslizan por sus flecos.
Nadie sabe cuando parto;
ninguno advierte, si llego.
Por las estancias que cruzo,
los vecinos están ciegos,
y no saben, ni adivinan,
por qué aúllan los perros.
Los fantasmas de la noche
trabajaron de aparceros,
para formar a la tropa
que arreo, cuando regreso.
Ganado flaco de penas
que quiero engordar de nuevo,
en potreros de esperanza,
donde no existe el invierno.
Silencioso andar de sombras,
con una sombra por dueño,
y un destino... tan lejano
que se pierde entre los tiempos.
Andar... Andar en la noche,
bien entablado el arreo,
y ver cómo se dispersa
al madrugar el lucero.
La realidad nos alumbra.
¡Las jornadas se cumplieron!
Transparentes en la luz,
desensillan mis reseros.
Arriero de fantasías,
es el oficio que tengo.
Y para andar por la vida,
entre dormido y despierto,
hallar los vados del río,
y cruzar campos abiertos,
¡debo tener en la sombra,
por lazarillos, mi sueños!
hace tiempo se vendieron,
por escritura... son de otros,
pero... por amor... son nuestros!
Suelo llegar a esos campos
por rastrilladas de ensueños,
a revisar el ganado
invernado en los recuerdos.
Tengo una llave maestra
que abre tranqueras al tiempo.
Y salgo de recorrida
en redomones de viento.
Galopo a los cuatro rumbos,
y la tropilla que llevo
le pone pulso a la noche
con el latir del cencerro.
Cruzo y recruzo los campos,
sin que se quiebre el silencio,
que, en chistidos, la lechuza
reclama a cada momento.
Mi poncho lo ha humedecido
y perfumado, el sereno,
y lágrimas de rocío
se deslizan por sus flecos.
Nadie sabe cuando parto;
ninguno advierte, si llego.
Por las estancias que cruzo,
los vecinos están ciegos,
y no saben, ni adivinan,
por qué aúllan los perros.
Los fantasmas de la noche
trabajaron de aparceros,
para formar a la tropa
que arreo, cuando regreso.
Ganado flaco de penas
que quiero engordar de nuevo,
en potreros de esperanza,
donde no existe el invierno.
Silencioso andar de sombras,
con una sombra por dueño,
y un destino... tan lejano
que se pierde entre los tiempos.
Andar... Andar en la noche,
bien entablado el arreo,
y ver cómo se dispersa
al madrugar el lucero.
La realidad nos alumbra.
¡Las jornadas se cumplieron!
Transparentes en la luz,
desensillan mis reseros.
Arriero de fantasías,
es el oficio que tengo.
Y para andar por la vida,
entre dormido y despierto,
hallar los vados del río,
y cruzar campos abiertos,
¡debo tener en la sombra,
por lazarillos, mi sueños!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


